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Las colonias y los perfumes complementan el aseo y la higiene diaria de las personas. Las diferencias entre ellas son la perdurabilidad y la intensidad de las fragancias.
Son el punto y final al proceso de aseo personal. Después del baño, muchas personas pulverizan sobre su piel las colonias frescas para procurarse una sensación de bienestar. A los bebés se les perfuma con colonias infantiles como parte de su higiene.
Tienen como misión proporcionar sensación de bienestar y estimular el sentido del olfato mediante fragancias que hacen sentir bien al que las porta y al que las olfatea. Las colonias y perfumes se usan desde la Antigüedad, cuando ya se hacían soluciones con almizcle que usaban las mujeres para potenciar sus encantos femeninos y atraer a los hombres.
El uso de las colonias y perfumes se distingue por las propiedades de cada uno de los dos tipos. La colonia suele tener un bouquet menos sofisticado, más fresco y menos duradero. Los perfumes, al contrario que las colonias, son un ejemplo de alquimia detallista y enfocada a las ocasiones especiales.
Ni las colonias ni los perfumes ofrecerán el olor que, en principio, se puede notar. El hecho de unirlo a la piel confiere particularidades distintas a cada persona. El Ph de cada piel es distinto y provoca una evaporación distinta en cada tipo de fragancias. El mismo perfume puede oler distinto en cada persona.
Ofrecen muchas variedades. La industria farmaceútica investiga todos los días con nuevas esencias florales o frutales para ofrecer perfumes más completos y sofisticados.
En ambos casos las cantidades de alcohol, necesario para la evaporación de colonias y perfumes, pueden variar para provocar mayor perdurabilidad o un grado mayor en intensidad del aroma.
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